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Las personas suelen basar su satisfacción en sus logros. Casi se da por sentado que quien ya ha alcanzado un éxito visible en la vida se considera un ganador. Pero la Palabra de Dios pinta una imagen de una persona contenta que también puede considerarse un ganador: « Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento » (1 Timoteo 6:6).
Una persona satisfecha se siente satisfecha y agradecida con su situación actual. Esto aplica a todos los ámbitos de nuestra vida, empezando por las necesidades básicas como la comida, la bebida y la salud. La situación económica, el nivel de comodidad alcanzado y las propias capacidades también influyen en la satisfacción personal.
Sin embargo, la palabra de Dios nos amonesta a permanecer contentos y humildes en todas las áreas de la vida, dentro de las limitaciones o circunstancias dadas.
Nuestro entorno y el espíritu de la época actual nos moldean
En una sociedad marcada por el consumo y el éxito, nuestra comprensión del contentamiento también se ve inevitablemente influenciada. Veamos algunas de las influencias que incluso un cristiano podría encontrar:
La mentalidad de que solo se puede ser feliz cuando se satisfacen ciertas necesidades: No solo los mensajes publicitarios diarios pueden crear la impresión de que solo se está satisfecho cuando se satisfacen ciertas necesidades físicas. Esto, a veces, puede generar inconscientemente un sentimiento de insatisfacción con la situación vital actual.
Mentalidad de derecho:
El apóstol Pablo advierte que en los últimos días las personas se distinguirán por el egoísmo, la jactancia y la falta de dominio propio (véase 2 Timoteo 3:2-3). Es una tendencia humana querer atribuirse cosas, pero ser reacio a renunciar a ellas. Las personas modernas son muy conscientes de sus derechos y viven según el lema "Tengo derecho a esto". Cada vez será más difícil para las personas renunciar a sus derechos o conformarse con poco.
Dios como "cumplidor de deseos":
Estamos presenciando el impacto de movimientos como la "Nueva Era" en la sociedad moderna. Entre otras cosas, estos movimientos asumen que la humanidad es inherentemente buena y central. Se pierde la comprensión fundamental de que la humanidad es meramente una creación y depende completamente de Dios como creador todopoderoso. El enfoque se desplaza de la voluntad de Dios a la humanidad y sus necesidades. En estas cosmovisiones, Dios asume el rol de ser responsable de satisfacer los deseos humanos.
Estas son solo algunas de las tendencias que dificultan que un cristiano hoy esté contento con sus circunstancias. Sin embargo, la Palabra de Dios nos muestra que sí es posible estar contento y que no se necesita mucho.
¿Cuánto cuesta estar satisfecho?
Al carecer de contentamiento, las personas buscan satisfacción personal en otras fuentes, solo para descubrir que, al final, han perdido más de lo que han ganado. Por ejemplo, podrían buscar satisfacción en su carrera y, por lo tanto, perder las bendiciones de su familia, o aspirar a la riqueza y sacrificar su salud. Por lo tanto, no es casualidad que Dios nos pida que estemos contentos con nuestra situación actual, y no solo cuando hayamos alcanzado ciertos éxitos.
Pablo escribe en 1 Timoteo 6:8: “ Si tenemos sustento y abrigo, estemos contentos con eso”, mostrando así que en realidad no se necesita mucho para estar satisfecho.
Si se satisfacen las necesidades básicas, un cristiano debería estar contento. Personas sabias han reconocido este principio y testifican que el contentamiento no depende de la riqueza presente, como también se puede leer en el Libro de Proverbios: « Mejor es lo poco con el temor del Señor que un gran tesoro con turbación » (Proverbios 15:16). Sin embargo, la fuente de este contentamiento no reside en la superficie, sino que es mucho más profunda, llegando a la esencia misma de nuestra relación con nuestro Señor.
Fuente y camino hacia la satisfacción: Nuestra relación con Jesucristo
No codicien dinero, sino conténtense con lo que tienen. Porque él dijo (Josué 1:5) : “Nunca te dejaré ni te desampararé ” (Hebreos 13:5).
Esta promesa de Dios es razón suficiente para estar contentos con lo que tenemos. Dios tiene la situación bajo control y nos asegura que « la vida vale más que la comida, y el cuerpo más que la ropa » (Lucas 12:23).
Como Padre amoroso, Dios cuida de sus hijos, pero desea seguir siendo el centro de sus vidas. La Palabra de Dios muestra claramente que la esencia del verdadero gozo no reside en las cosas materiales, sino en nuestra relación con el Señor. Cuando un cristiano pierde esto de vista, busca otras fuentes de satisfacción interior y pierde mucho en el proceso. Esto es precisamente lo que Dios advirtió a Israel: « Cuando hayas comido y te hayas saciado, y hayas construido buenas casas y te hayas establecido, […] ten cuidado de que tu corazón no se enaltezca y te olvides del Señor tu Dios , que te sacó de Egipto, de la tierra de esclavitud » (Deuteronomio 8:12, 14).
La Palabra de Dios muestra claramente que la esencia del verdadero gozo no reside en las cosas materiales o físicas, sino en nuestra relación con el Señor.
El éxito y la satisfacción de Israel dependían directamente de su relación con Dios. En cuanto les iba bien, se volvían arrogantes. A pesar de su prosperidad, sus circunstancias ya no les eran favorables y recurrieron a dioses extranjeros. El Libro de los Jueces es un ejemplo de cómo Dios, repetidamente, hizo que su pueblo recobrara la cordura a través de las dificultades externas, para finalmente ganarse su corazón y guiarlos a la satisfacción.
Incluso hoy, Dios nos trata de forma similar a como lo hizo con Pablo. Pablo logró estar contento. Escribió en su carta a los Filipenses: « Porque he aprendido a contentarme en cualquier situación. Sé lo que es vivir en necesidad y sé lo que es ser rico. He aprendido el secreto de estar contento en cualquier situación: estar saciado y tener hambre, vivir en abundancia y pasar necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece ».
(Fil 4:11-13).
Pablo tuvo que aprender esto, pues el contentamiento no le cayó del cielo. Sin embargo, la esencia de su contentamiento residía en su relación con su Señor Jesucristo, quien lo fortaleció.
Por un lado, Dios le reveló muchas cosas a Pablo. Al mismo tiempo, sin embargo, lo disciplinó para que no se volviera arrogante. Leemos en 2 Corintios 12:7-9: « Y para evitar que me envaneciera por la extraordinaria grandeza de las revelaciones, me fue dado un aguijón en la carne, un mensajero de Satanás que me atormenta. Tres veces le rogué al Señor por él, que me dejara. Pero él me dijo: “ Bástate mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad”. Por lo tanto, gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí».
Desde una perspectiva humana, a Pablo no le agradó esta conmoción o restricción en su vida, pero era necesaria. Dios no facilitó ni cambió las circunstancias, pero Pablo aprendió una lección: la gracia de Dios es suficiente , pues el poder de Cristo moraba en él a pesar de sus limitaciones.
Satisfacción en tu situación
Al igual que Israel, nosotros también dábamos por sentado las cosas buenas o no nos cansábamos de ellas. Malcriados por el éxito, también nos volvimos arrogantes y perdimos de vista a nuestro Señor. En este caso, no es de extrañar que la insatisfacción se instale y las circunstancias ya no parezcan lo suficientemente buenas.
A través de muchas convulsiones, la comunidad de Jesús, como Pablo, aprenderá lo que significa estar contento y satisfecho.
Bueno, el año pasado demostró claramente nuestras limitaciones humanas, porque las circunstancias pueden cambiar rápidamente y no tenemos poder para evitarlas. Tampoco podemos planificar el futuro con la misma fiabilidad que antes. Además, nuestra sensación de seguridad puede verse afectada, ya sea financiera o sanitaria.
Pero todo esto no es motivo para desanimarse. Es una señal aún más importante de que Dios vela por su iglesia. A través de muchas pruebas, la iglesia de Jesús, como Pablo, aprenderá lo que significa estar contenta y satisfecha, no solo en la abundancia sino también en la escasez . La buena noticia es que esto nos permite reexaminar lo más importante: la profundidad de nuestra relación con nuestro Señor Jesucristo. Y solo esto nos permitirá a ti y a mí contemplar nuestras vidas con contentamiento y satisfacción, ahora y en el futuro.
Alexander Goldnik
Municipio de Bruchmühlbach
A menos que se indique lo contrario, las citas bíblicas siguen la traducción de Martín Lutero (rev. 1984).
