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Pero tengo la esperanza en el Señor Jesús de que pronto les enviaré a Timoteo, para que yo también encuentre consuelo al saber cómo están ustedes. Porque no tengo a nadie como yo que se preocupe tanto por ustedes. Porque todos buscan sus propios intereses, no los de Jesucristo. Pero ustedes saben que él ha demostrado su valía, pues, como un hijo a su padre, ministró conmigo el evangelio . (Filipenses 2:19-22)
¿Nos influyen los demás? ¿Lo hacemos intencionalmente o no? ¿Y son los efectos de esta influencia beneficiosos para nuestra vida y desarrollo personal? A menudo adoptamos inconscientemente las opiniones y estilos de vida de otros si los consideramos capaces, agradables o ejemplares. Pero ¿deberíamos imitarlos?
Cada niño tiene un cuidador principal de quien aprende mediante la observación. Damos por sentado que los niños adoptan la apariencia y los rasgos de carácter de sus padres. Incluso los hábitos y el modo de andar suelen ser copiados por los niños.
Hay algunos hermanos creyentes en nuestras congregaciones que nos sirven de modelo a seguir. Hermanos a quienes podemos considerar padres de la fe. Estos hermanos y hermanas ayudaron a fundar y moldear la comunidad tal como es hoy. La vida de iglesia que ahora damos por sentada, la anhelaron en prisiones, campos de trabajo y otras dificultades. Podemos observar sus vidas y maravillarnos ante los milagros que Dios realizó en ellas. No quisiéramos experimentar las dificultades que enfrentaron hoy. Podemos aprender mucho de estos modelos a seguir.
La Biblia habla del papel del apóstol Pablo como modelo para el joven siervo Timoteo. Timoteo tenía una mentalidad estrechamente alineada con la Palabra de Dios y fue moldeado al seguir a Pablo. Por lo tanto, además del mensaje bíblico, Timoteo tenía un modelo directo a seguir. Vemos que este joven hermano asistió a una escuela que le dejó una huella imborrable. Su vida fue moldeada por lo que aprendió. No solo aumentó sus conocimientos, sino que también vio en el apóstol Pablo cómo se ponían en práctica las enseñanzas bíblicas. Siguió el consejo de mantenerse firme en lo aprendido: «Pero tú, persiste en lo que has aprendido» (2 Timoteo 3:14a).
Al reflexionar sobre mi propia vida, no puedo decir que haya sido un seguidor de Cristo tan fiel como Timoteo, aunque también tengo algunos ejemplos a seguir en mi círculo. Reconocer esto y presentarme ante Dios con humildad es un don de gracia para todos.
¿Tus valores se alinean con los de la Biblia?
Timoteo se centró en un corazón fiel a la Biblia. Permitió que su carácter y sus opiniones se guiaran por la verdad bíblica. Solo así pudo convertirse en un compañero capaz al lado de Pablo.
Aunque el apóstol Pablo era mayor que Timoteo, no consideraba obsoletas sus enseñanzas. Los jóvenes suelen verse tentados a descartar las opiniones de la generación anterior, considerándolas obsoletas. Al ser más dinámicos y flexibles, es fácil burlarse de los valores de las personas mayores. Timoteo podría haber actuado de la misma manera, pero conscientemente decidió no hacerlo.
Creo que Timoteo vio en el apóstol Pablo, su modelo a seguir, a un hombre especial. Timoteo comprendió que la experiencia espiritual del apóstol Pablo, su cuidado pastoral paternal y su vida de fe ejemplar superaban con creces el conocimiento teórico. El joven siervo valoraba al apóstol como un buen mentor y consejero.

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¿Hasta dónde llegas siguiendo a Jesús? ¿Permites que la Palabra de Dios influya en tu forma de ver las cosas?
Leemos sobre varios otros compañeros que viajaron con el apóstol Pablo, como Marcos, Epafras, Demas y otros (véase Colosenses 4:10-14; 2 Timoteo 4:10). En el pasaje de la Carta a los Filipenses citado anteriormente, Pablo describe cómo solo uno permaneció con un corazón sincero, Timoteo, quien no buscó su propio beneficio (véase Filipenses 2:20-21). También hubo siervos en el círculo de Pablo que, al cumplir con sus deberes, no lo hicieron con devoción, incluso anteponiendo sus propios intereses a la voluntad de Dios y sus exigencias. Timoteo es retratado en nuestro texto bíblico como un colaborador probado: «Pero sabéis que ha demostrado ser un colaborador ejemplar, pues me sirvió en el evangelio como un hijo a su padre» (Filipenses 2:22). Había enfrentado desafíos y los había superado. Se había distinguido como un colaborador probado y confiable en el Reino de Dios.
En varios pasajes de la Biblia, leemos sobre la meta del proceso de maduración espiritual: que estemos capacitados para el servicio y seamos capaces de toda buena obra (cf. 2 Timoteo 3:17; Gálatas 2:10). Todos debemos pasar por este proceso de crecimiento y ser útiles plena y desinteresadamente en el ministerio de nuestro Señor. El apóstol Pablo describe a Timoteo como alguien que sirve de modelo para toda la iglesia, alguien cuyo objetivo es servir y representar a Dios y a la iglesia de manera honesta y confiable. El apóstol Pablo desea enviar un representante similar a los filipenses, alguien que los cuide con todo su corazón (cf. Filipenses 2:20).
Quienes buscan su propio beneficio, su reputación y su propia comodidad evitan el esfuerzo y los problemas. En cambio, debemos profundizar en los desafíos de la iglesia y afrontarlos con paciencia, amor y perseverancia. Por eso Pablo quiere enviar al probado Timoteo a los filipenses. Anhelamos un pastor así en nuestra iglesia. Pero ¿no deberíamos también experimentar este proceso de crecimiento y así convertirnos en modelos a seguir para las generaciones futuras? Sí, sin duda Dios quiere usarnos como modelos a seguir.
Dios quiere influir positivamente en nuestro desarrollo espiritual. Incluso cuando nos faltan fuerzas, sus maravillosas promesas se aplican a nosotros. Las promesas de Dios son confiables, inquebrantables y verdaderas: «Pero los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas. Levantarán alas como las águilas; correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán» (Isaías 40:31).
Hemos visto que Timoteo tuvo un maestro especial como modelo personal. Nosotros también podemos emular a nuestros modelos espirituales en la iglesia. Pero, sobre todo, debemos tomar a Jesús como ejemplo. Toda su vida fue un sacrificio por los demás. Se dedicó desinteresadamente a la gente. Al lavar los pies de sus discípulos, dio ejemplo de humildad y devoción. Sin embargo, la culminación de su ministerio sigue siendo su muerte voluntaria en la cruz. Por amor desinteresado a la humanidad, emprendió este viaje sacrificial al Calvario para expiar los pecados de la humanidad. Somos conscientes de que este camino no fue fácil. Nada pudo impedir que Jesucristo completara el plan de salvación. Esta fue una tremenda victoria alcanzada en el Calvario. Este es un ejemplo insuperable. Imitémoslo.
Sigfrido Folz
Municipio de Molbergen
Las citas bíblicas siguen la traducción de Martín Lutero (rev. 1984).
